
Esa tarde era extremadamente calurosa, la carretera brillaba derritiendo el cemento con cada centello luminoso. Hoy, en aquella carretera no pasaban coches, ni siquiera la carroña dejaba su huella en el asfixiante asfalto.
El desierto, rodeaba esa angosta carretera. Nada. Ningún sonido interrumpía la calma que allí dominaba.
El agonizante viento trajo consigo a un muchacho de no mas de quince años. Arrastraba sus callados pies corroiendose poco a poco.Desgastando sus fuerzas con cada aspiracion que sus pulmones les pedía. Uno. Dos. Tres...
El pelo oscuro como el azabache goteaba sudor hasta llegar a cada fibra de su ser. Estaba debil. No aguantaría mucho sin suministro de agua. Solo él sabía lo que había sufrido los últimos cinco años. Ya estaba libre, pero aún así se asfixiaba. Quería parar pero el temor le impedía desplomarse y hecharse a llorar. Estaba vagando solo, no tenía a nadie. Sus debiles piernas le estaban fayando. Hincó la rodilla en aquella carretera, desojandole la piel oscura y quemada por el sol. Su cuerpo al fin se debilitó, cayendo cuan largo era...Sus últimos pensamentos fueron concisos y luchadores. Uno. Dos. Tres...
No hay comentarios:
Publicar un comentario