
Quince años hacía que Héctor y Miriam se habían enamorado. A ambos se le iluminaba el rostro cada vez que coincidían. Dieciocho años hacían que se conocían y cero, el momento en el que se habían declarado.
Las familias eran muy amigas desde hacía siglos, generación tras generación entrelazanban vinculos amistosos y para celebrarlo hacían una gran fiesta de baile. Nunca antes esa amistad se había convertido en algo más. Ellos serían los primeros. Aún no estaban del todo seguros de cómo se lo iban a tomar sus respectivos parientes. Hoy sería el día que se declararían oficialmente ante miles de personas en el gran salón comedor de la casa de Héctor.
Media noche. Llegó el momento. El padre de Miriam subió las escaleras para presentar el rutinario discurso anual, tras el cúal entrarían los jóvenes amantes para comunicarles a la familia la deseada noticia.
- Hoy, hace dos siglos que nuestra familia se unió en un pacto de amistad eterna. Nada, absolutamente nada podrá hacer que estos lazos tan fuertes se rompan.- Dijo el padre de Miriam.
Todo el mundo en aquella salaa aplaudió entusiasmadamente. Todos excepto los jovenes, que estaban demasiado nervios como para concentrarse en otra cosa que no fuera el discurso que iban a dar ambos pasados unos minutos.
Tras varios comentarios mas llegó la hora de la verda. Subieron al "escenario" donde todos sus parientes los contemplaban con un tono curioso y a la vez orgulloso.
- Ho...hola a todos! -Saludó Héctor. Carraspeó.Miró a su ansiado público y se secó las manos sudorosas en el pantalón de raso que llevaba- Hoy estamos ambos aquí para comunicaros a todos una agradable noticia. Despúes de quince años ocultando el mayor sentimiento que hemos podido tener, nos hemos declarado. Oficialmente, hoy, amo a esta mujer!- Añadió levantando levemente la mano de ella y besándosela. A la muchacha se le escapó una enorme sonrisa de enamorada.
-¡Que orror!!!- exclamaron todos sus parientes.
Los padres de los jóvenes salieron corriendo hacia ellos, cogiéndolos del brazo fuertemente y llevándolos a una sala donde pudiesen hablar tranquilamente. Los muchachos estaban confusos. ¿Por qué no podían ser mas que amigos?
-Esta terminantemente prohibido relacionarse entre nosotros, jovencitos- Gritó Armán, el padre de Héctor.
- No sabéis en que lío os estays metiendo- Añadió Hugo.
-Pero...¿Por qué?- Héctor y Miriam estaban seguros de su amor. Llevaban años queriendo decirse el amor que sentían el uno por el otro. Ahora estaban confusos.-Creía que os alegraría saber que estamos juntos. Unos amigos como nosotros. ¿Quien mejor amante que una amiga?- exclamó Héctor eufórico.
-¡Cualquier otra!!!- dijo su padre
Miriam, estaba a punto de llorar, no sabía que hacer, se estaba arrepintiendo de todo esto en ese momento.
- Padre....-bociferó- yo le AMO!!!Nunca he estado tan segura de una cosa como esta
-¡Es imposible!! Me entiedes?? No os dejaremos, echaréis todos estos siglos de amistad por la borda!
-Nadie podrá impedir que sigamos juntos! Nos escaparemos y seremos felices para siempre y nunca, nunca vendremos, jamás sabrás nada de nosotros- prosiguió la muchacha.
Hugo se acercó hacia ella y hecho una furia la golpeó con todas sus fuerzas, rasgandole su bonito vestido rojo.
- No te atreverás jovencita.- advirtió.
Miriam salió corriendo hacia el gran jardín, llorando desconsoladamente. Su corazón se estaba dividiendo. Tenía que elegir entre su familia o él. Nunca dudaría de su amor por Héctor. Así que en esa batalla, su familia perdería sin pensarlo. Miró hacia atrás y vió el rostro de Héctor a su lado.
- No llores más amada mía, eres lo que más quiero en este mundo. Intentaré convencerles de mis sentimiento hacia ti y si no lo consigo nos marcharemos, lejos, muy muy lejos de aquí. Jamás nos encontrarán. -dijo con dulcura, acariciando suavemente su rostro y quitándole las desgastadas lágrimas tiernamente.
La atrajo hacia sí, acariciándole su pelo plateado. Cogió suavemente su barbilla y la levantó para observar su bello rostro. A pesar de haber llorado, Miriam era la mujer más hermosa que había visto nunca. Pasó su dedo pulgar por sus carnosos labios. Tenía ganas de besarlos, lamerlos lentamente saborendo su sabor. Pero era su primer beso, y no sabía si ella lo quería tanto como él.
-¡Bésame! por favor...- rogó la muchacha.
No cabia duda... ella necesitaba ese beso tanto como él.
Rozó sus labios con los de ella intensamente. Un cosquilleo subió por el vientre, como mariposas revoloteando por el estómago. Bajó lentemente su mano, tocandole el cuello, el hombro, la espalda... Sus labios pedían más y más, quería besar cada fibra de su piel, necesitaba retenerla con él, amarla, sentirla. Sus labios bajaron poco a poco, primero la babilla, tan sueve y blanca... más tarde su cuello, firme y largo...
Héctor sintió por primera vez una sed insaciable, quería despegarse de ella pero sus labios no le dejaban, los abrió aun estando en el cuello de la muchacha e instintivamente....mordió.
Miriam sintió un agudo dolor en la parte derecha de su cuello. Se separó de Hectór bruscamente. Empezó a tambalearse. Miró a su amado pidiendo ayuda, pero él se había quedado petrificado, atonito, con la boca llena de sangre...de su sangre...
-No me encuentro bien...- dijo con la voz muy débil.
-¿Que ha pasado?¿que me ha pasado?- Héctor no podía creer lo que había hecho. Se limpió la boca y corrió hacia Miriam para sujetarla- Yo...lo siento mucho, Miriam, no se que es lo que me ha pasado.
La muchacha intentó tocarle el rostro, pero estaba demasiado débil.
-Te...amo...Héctor- Fueron sus últimas palabras....
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